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Una Historia Vacacional de Serena B.

Un poco menos de cuatro horas faltan para que Ian y yo toquemos tierra en el lugar donde nunca se terminan los tamales y el tequila. Espero con ansias el momento de poner en práctica las 18 palabras que hablo en español. Me veo preguntando “cuánto cuesta” cada cosa que veo en los mercados, y luego pagando el equivalente a diez dólares para dos churros, mientras me da pánico darme cuenta que no tengo idea de lo que me dice la señora de los churros.

De la misma manera estoy un poco consternada de no tener que pasarme las siguientes 19 horas en un avión, pero al fin es el costo que hay que pagar para alcanzar los climas tropicales. Juro que es más rápido llegar a Mazatlán que manejar de extremo a extremo en Los Ángeles durante la hora pico. ¡Vámonos!