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 Una Historia Vacacional de Serena B.

No vimos ni un cervato en la Isla de Venados, pero tampoco buscamos mucho de otras cosas. En la mitad final de nuestro último día, no queríamos nada más que tomar el sol frente al mar agradable, y eso hicimos. Nos subimos a un bote a la Isla de Venados por recomendación de varios lugareños, donde la playa es pequeña, la tierra sin cultivar y el agua deliciosamente cálida. Fernando, que trabaja en la isla y tiene un nivel de atención de restaurante exclusivo, nos proporcionó una sombrilla, dos sillones y un flujo interminable de cocos locos (la parte loca sin duda se refiere a la engañosa cantidad de tequila que le ponen). Después de una semana de actividad de sol a sol, nos encontramos rodeados de agua y poco qué hacer, así que captamos la indirecta. Bebimos y nos besamos, nadamos y nos relajamos, y contemplamos la costa de Mazatlán por última vez, una vista cambiada por las personas y los recuerdos que nos llevaríamos.